La máscara de una flor. CAP 1

Cap. I

El dolor causa grandes asperezas en nuestras vidas. Asimismo, muchas veces el dolor es vivido sin ser contado, y arropa a la víctima hasta que uno no decide hablar.

Alina, joven de 25 anos de edad vive con Santos su pareja de 32 anos. Una pareja disfuncional, y que ha presentado problemas desde el primer momento. Las ilusiones han mantenido esa unión y solo Alina sabe todas las cosas que ha pasado.

Era sábado por la noche casi anocheciendo y aún Alina no sabía que hacer de cena para ella y su pareja. Llamar a Santos fue la idea más cercana que tuvo.

—Qué comeremos hoy? —pregunta mientras recoge la cocina.

—Con tantas vainas que yo compro, aun no te llegan ideas de que hacer de cena mija, que bruta estás últimamente. — Responde en tono alterado.

—Santo’ pero tengo que preguntarte, si siempre que hago algo le pones un pero.

—No me jodas y haz lo que de tu gana. —Cierra el teléfono enojado.

El tono de habla, agresivo y colérico puso Alina en estado de nervios e intranquilidad. Las 8:00 pm marcan y la cena estaba lista pero Santos no había llegado a casa. Se le hizo oportuno esperarlo para comer juntos y así ella hablarle de la situación en su relación. Son las 8:45 pm marcando el reloj de pared de la sala e inicia una charla larga y agitada mientras comen:

—Santo’ desde cuándo la monotonía, las peleas y la falta de respeto se apoderan de nuestras vidas?

—Ahí vienes tú con tus disparates. Alina, yo trabajo demasiado, no tengo tiempo para ser psicólogo tuyo.

Lo que Santos no sabía era que la psicología se debía trabajar para ambas personas. Pero en estos casos el machismo es tan grande que la mayoría de veces la culpa de los problemas los tiene la víctima.

—Santo’ y esa ignorancia de tu parte? El tiempo ni se exige ni se pide prestado, pero abre los ojos. Nos estamos desgastando. —Responde en tono bajo y llena de coraje.

—¡Coño! ¿Buscas que no coma nada? —dijo, Santos mientras tira el plato. —No conoces el estado de estrés en el que me mantengo y subir tus problemas en los míos, es la única solución que buscas.

Santos tira la puerta con la misma furia que sus palabras. Alina solo quiere una persona que se siente a escucharla, pero la única persona que lo puede hacer es renuente a montar una conversación. Ella se queda mirando el desastre del plato roto y como la puerta se retuerce al Santo tirarla. Una escena de desesperación que evidencia lo incomodo de una relación sumida en la rutina de la violencia verbal y física.

Santos sale del cuarto con mas furia al escuchar los gritos de Alina y le dice:

—Vete de aquí si tan jarto te tengo. Lárgate. Tu crees que el que se irá seré yo? Tu ‘ta loca!.

—Animal, yo me iría hace rato, si tuviera para donde irme! —dijo, con un mar de lagrimas.

—Por eso, alégrate que te tengo aquí. Mal agradecida.

Hay un problema en esta historia. Alina ama a su pareja, fue la única persona que le brindo apoyo desde el principio, pero ella está consciente que nada en la vida una agresión verbal o física se puede pasar por alto. Esta historia seguirá evidenciando todo el trabajo que pasa esta mujer hasta un momento donde ve la luz para salir a flote.

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