Amor, blanco, negro y catarsis.

Capítulo 1: Buenas nuevas.

Los domingos sabían a maravilla, como el sabor de la soltería y ser solo el mundo y el. No tiene hijos pero si un auto, a Doggy y un jardín que cuidar; un hombre que al parecer  no tiene compromisos de trabajo, ni reuniones, ni lujosas oficinas que atender, pero todo lo contrario, solo que ha aprendido a balancear la vida que quiere llevar y aquella que por cuestiones materiales debe tener. Santiago no es el típico hombre tipo playboy que anda por ahí flechando chicas y que caigan a sus pies, no es ni necesita serlo, es un tipo común y corriente, romántico y que aprovecha su condición de soltero sin excesos. Un pana de panas, cervecero de sábados y compañero de la buena gente que le rodea; esquiva el amor, por ir arrastrando rencores que poco a poco va trabajando y eliminando, el sabe bien que los dolores de cabeza a las 2 de la mañana son trabajos del famoso “Karma”.

Esa  mañana todo el juego de doggy de la noche debía ser recogido, un perro que a la misma vez le servia para evitar mucho mas los hijos que tanto soñaba.

– Te quiero doggy, pero me das más trabajo de la cuenta, no es posible muchacho -le dijo al perro como si se tratara de un ser humano-. Esta vez el perro le dio unos cuantos lengüetazos y le sacó la sonrisa que le hacia falta ver al día.

– Veamos que hay de comer para ti y claro, no será lo que comes a diario grandulón porque estás de castigo -dijo Santiago en un intercambio de sonrisas con el mudo animal.

El barrio es poco concurrido y el número de habitantes es pobre, cosa que a Santiago le agradaba, alejarse del suburbio y las bocinas de los coches. Sabia que iba a pasar algo nuevo y que ese día podía ser especial, pero en realidad le achacaba ese sentimiento a que el cartero iba a traer buenas nuevas de la aprobación de su nueva sucursal en el segundo estado. El destino es engañoso y se conjuga con el día para arañar nuestras expectativas, las buenas nuevas eran otras y era que el barrio llegaban nuevos vecinos. Nuevos vecinos o nueva vecina, la cuestión no es esa, la interrogante le surge mientras sus ojos se desvían hacia un camión de carga que llegaba y desmonta unos cuantos muebles, esta escena distrajo por completo a Santiago y a Doggy, esto no se ve muy a menudo en el barrio y menos esos muebles tan afeminados en medio de la calle.

– Muchacho, mira hacia allá, creo que tenemos visitas en el barrio, bueno, creo que no son visitas… -dijo sorprendido al ver la figura de una hermosa mujer que se desmontaba de la parte delantera del camión, dando ordenes mejor que un hombre. Santiago se encontraba pálido, sus ojos en 5 años solo habían percibido señoras de mas 50 años haciendo ejercicios todas las mañanas. Con todo esto en su frente, va y da su parecer:

– Bienvenida, que raro, por aquí no pasa nada interesante como para que la gente le agrade mudarse por estos sitios -dijo Santiago queriendo ser sociable.

– Gracias, no te preocupes me hará muy bien el aislamiento, de todas formas aquí se ve el sol salir y creo que apreciaría mucho las cosas pequeñas…por ejemplo, como tu perro, ¿como estas hermoso? -responde muy amable y Doggy muy feliz siendo atacado por los apapachos de la nueva vecina.

– Se llama Doggy, bueno ya sabes, antes de iniciar a ayudarte, ¿cual es su nombre?.

– Jajaja mi nombre es Sabrina Hans, te lo digo con apellido por la costumbre y si, por favor esas cajas puedes sacarla y llevarla a la principal.

Santiago, aun confía que el cartero esté lleno con las buenas nuevas, en eso de ayudar le dan las 12 del medio día, le ha gustado el asunto ese de ser el mediador para que Sabrina, la nueva vecina conozca el barrio, se sentía bien como la sonrisa que había sacado Doggy. Lo que Santiago no ha percibido es que tanta amabilidad y tantas cosas en un día traerán buenas, excitantes y malas consecuencias.

La noche tenia su propia fotografía, su terraza lo mantenía pensando junto a su mejor amigo. Sabrina es un detonante para pensar, al parecer la encuentra atractiva, era de esperarse. Son las 9 de la noche y al próximo día hay trabajo y pensando en su nueva agenda alguien le textea lo siguiente:

– Santiago, ¿te encuentras? hice algo de cenar y creo que puedo compartirlo contigo, ¿estas ahí?

– Si por favor, me sacas de grandes apuros, estoy en la terraza con Doggy. -responde Santiago al texto emocionado, por fin alguien que no es Doggy se va a sentar en la segunda silla de la terraza.

En ese entonces llega Sabrina con cena y varios juegos de mesa, es indiscutible que desea compartir un rato, Santiago percatándose de la escena busca ron, luego de haber cenado y mantienen una plática de horas hablando de toda una vida material de la cual huyen. La noche es larga y ya han sabido tantos de ellos que el silencio impera a las 12 de la noche y han decido hablar de sexo. Santiago, echo gasolina donde ya habia fuego, Sabrina psicologa de profesión una mujer que a pesar de todo su mentalidad le permitía hablar del tema sin miedo y mas delante de un hombre al cual se le veía la madurez por encima de la ropa y claro que le gustaba.

– ¿Te has disfrutado? -pregunta Santiago con mucha seguridad.

– ¿Así eres tu?, ¿ya quieres tener sexo conmigo? -pregunta con picardia.

– No, nada parecido, una pregunta no es un mandato a que seas mía ya, a penas sé de ti. Pero te pregunto, ¿Te has disfrutado?.

– Me he disfrutado, mi cuerpo es mio y los templos deben ser conocidos por sus dioses.

Sabrina ya sabe por donde va la cosa y sabe que no puede pasar, pero le gusta y aunque sea así lo quiere evitar. Un minuto de silencio y eso abre paso a que Santiago le diga al oído a Sabrina en forma de ejecucion de que se degustes pero frente de el, que el haría lo mismo  y en la terraza, ya que nadie pasaba a esas horas, Doggy en casa y el ambiente era más que placentero para los deseos que al parecer no son tan comunes.

Sabrina se levanta de la silla y le agarra el polo y lo acerca a su cara dura unos segundos mirándolo a sus ojos y le susurra lo siguiente:

– Lo haría, pero me lo pediste, siento que lo necesitas mucho, buenas noches -dijo muy pícara mientras juntaba el “buenas noches” con una mordida de oreja que dejó a Santiago loco y sin ideas para percibir.

– Buenas noches, ¿mañana te veo? .

– Puede ser….no sé-responde con risas y saliendo de la terraza.

Albert Peguero

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Feliz, primero yo.

Si por lo menos un día entendiéramos que para tener algo cerca de nosotros debemos acomodar nuestro desastre primero, hacernos felices antes que todo, para así cuando llegue alguien a nuestras vidas no sea un bloque que falte, sino un bloque que sume.

Las cosas no son así, el complemento existe solo si ambos están completos por su lado, no debemos creer que la vida nos regala felicidad, esa felicidad no llega si tu no lo eres por tu propia cuenta. No deposites tu felicidad en nada ni nadie, todo muere, todo se va aunque creas que no. Empecemos (con esto me incluyo) a entender que cuando buscamos a alguien es para agregarle virtud a las virtudes que ya poseemos y que nosotros mismos hemos construido con el tiempo; no solo en el amor, también en nuestras amistades es pertinente tener las amistades adecuadas que le sumen a nuestra vida.