Con las cosas que me topo.

Que pequeño y maldito es el camino; prepara su espacio la mayoría de veces para hacer de las suyas y queda como espectador viendo la destrucción de su victimario, que con rasguños cae hasta tres veces al día. Empieza el día siendo un juguete más de sus manos, en el ocaso paisaje que le crea el destino, pero lo acoge aceptándolo como suyo, pues no le queda más que ser eso, un simple cómplice de autodestrucción. Era claro como la ausencia de nubes todas las mañanas, un odioso buenos días que a pesar de ser el único no lo respondía y que importante para su bipolaridad porque si este saludo no estaba, la soledad atacaba y lo daría por una necesidad; no se entendía.

Son las y pico; pitos y policías, un humor de perro junto a los carruseles cancerígenos que a pesar de todo eran aceptados por su condición inservible socialmente. Me convencí de que debía cambiar mi estado de animo cuando por poco rompo la puerta del carro, se notaba a leguas mi refunfuñamiento, en ese momento deseaba que todo lo que pasara fuera se topara conmigo y acabar con todo de una, esa execración me hacia calmar.

Con las cosas que me topo que pueden ser tan cotidianas para mi, porque rondo por los mismos lares, que se guardan en mí como fotogramas y son recordados todas las noches a la hora de conciliar un poco de sueño abrumador cuando despega.

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