Historia sin contar de tu y yo. Capítulo 2

II

Bar y azucares tóxicos.

No se si es cuestión de genes o las mismas costumbres de ver a mi abuelo en las actividades del whisky desde  temprana edad, han echo que mi saber por los trabajos del whisky lo tenga elevado. Soy gran coleccionista de estos y siempre he tenido los mejores en mi pequeño pero cultural bar en un anexo de casa, muchos sin probar, las mejores marcas y traídos desde otros horizontes. Aparte de ser un buen asesor político, trato de dar tour en industrias de mi bebida alcohólica favorita, desde whisky negro a blanco, cebada o maíz ; era todo un museo dentro de mi hogar, que había trabajado desde hace tiempo gracias a mi pasión por esta bebida. Esa era una de las cosas que ella admiraba de mí, que no por complicidad, sino por admiración, me recalcaba que eso me hacia interesante.

La historia de hoy va ligada a mi bar, muchas veces no bebí con ella ahí, pero si singamos y embestimos en mi cantina personal; muchas veces se la regalé, en esos entonces no queria sentir que nada era mio, queria sentir que todo era de ella, hasta mi todo. Nunca fui egoísta con mis actos, pero esta vez ella quiso que lo fuera; nunca me gustó ser yo quien disfrutara de nuestros placeres, me importaba mucho que cuando llegáramos al trabajo juntos nuestras caras irradien todo lo que vivimos en casa, antes o después del desayuno pero por mi culpa, la queria ver siempre feliz.

Eran las 8 de la noche ya; y yo disfrutaba de un whisky escoces que quedaba en la repisa numero dos del bar en zona izquierda; uno escoces que estaba entre los únicos 8 del mundo, malta pura y perfecto sabor a vejez, duro como el roble.

-¿Qué tomas que no me invitas? ¿A caso no quieres que apruebe o sepa de tus cosas?- me dice con cejas levantada.

-No soy capas de tenerte como un extraña en mi casa, ven acércate y prueba.

En ese momento le comienzo a contar todo sobre el whisky y lo mucho que significaba para mí tenerlo dentro de la colección, era muy importante tener uno que estaba en peligro de extinción. Ella siempre tomó mis palabras tan propias y se caracterizaba con ellas.

-Si me pierdes debes de saber que estoy en peligro de extinción, como el whisky que coleccionas;  con la única excepción y que sepa yo, que no coleccionas a otras.- Me dice, muy tentativa.

Solté el vaso con el puro whisky, me senté en una de las sillas del pequeño bar, la halé despacio por un brazo, abrí mis piernas y la puse entre ellas mientras le decía mirándola a sus ojos:

-Lo que me das tú, no tengo por que salirlo a buscar a fuera y no lo digo por el sexo, lo digo por ti y tu actitud completa. Pero ven… esta noche juguemos como sabemos jugar tu y yo.

Entre el cruce de palabras ella me avisó que queria todo sucio como todas las veces y que las 10 de la noche era un horario prudente para ser nosotros mismos, sin miedos y tabúes. Ella esa noche fue diferente, ella me guiaba a donde queria que fuéramos; me desnudó acostándome en la cantina, buscó esa noche algo fuera de lo común: un marcador con saborizante de menta y frió. Mientras me mantenía acostado marcó con dicho marcador todas las partes de mi cuerpo que besaría, la parte que mas disfrute fue cuando besaba mi pecho, yo no podía contenerme y decidí llevar mis dedos hasta su vagina, los dos ahí encima de la cantina, mientras el espejo de las bebidas nos refleja en pleno acto, era doble gusto.

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Yo no soportaba tanto ser un egoísta la noche entera y procedí a voltearla y hacerla toda mía. Cogí el marcador y taché todas mis partes favoritas, disfracé su anatomía de sabor a menta, disfruté cada zona que le quedaba sin ropa, definitivamente por completa la convertí en placer. Parece raro para un publico cerrado, pero a ella le encantaba que le besara los pies y que jugara con ellos, mi lengua fue todo un tren que empezó desde el dedo gordo, pasando por su pierna, subiendo sutilmente y atrapando todo el sabor a menta hasta tocar campana allá arriba a donde le gustaba, en su vagina. La cantina era pequeña y el retorcimiento del sabor hacía que sus brazos se salieran como si fuera a volar; me gustaba lo que veía, la veía muy feliz y por ella hacia lo que fuera.

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Ella quiso jugar conmigo al papel de bartender y sin experiencia, sin whisky, decidimos pedirnos shots, pero de flujo y semen. Ella dentro de la barra con una pierna subida en la cantina y yo de igual forma pero del otro lado como cliente; decidimos masturbarnos mientras nuestras caras estaban a muy poquita distancia, eso era preciso, para que en toda masturbación nos besáramos uno al otro todo el momento hasta acabar. Teníamos dos vasos en frente, a la hora de acabar, como estipulaba el trato, ella se bebería un shot de semen y yo del poco o mucho flujo que ella emanaba. No aguantamos y queríamos tirar, la acosté, nos dimos dos tragos de alcohol y singamos; pero le importo todo, queria que fuéramos sucios ante todo, tomo un licor que  había en la cantina y mientras se lo metía todo, ella se vertía todo el licor en su pecho para que yo bebiera de el.

Si, hay más, pero hasta aquí. Hay historias que nunca se van a olvidar, hay otras que si son efímeras y que terminan de una; yo soy de los que busca la primera, marcar y dejar marcas para vivir y tener la dicha de decir que he vivido.

-Historias sin contar de tu y yo.

Capitulo 2

Escrito por Albert Peguero.

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